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La moneda ciudadana local como contrato económico de vecindad

por Jean Rossiaud & Antonin Calderon (Monnaie Léman / APRES-GE)

En este cuarto capítulo de la serie que comenzamos en octubre, sobre el tema de las «monedas locales», después de una visión general de las ventajas y desafíos de las monedas locales a través del ejemplo del Lemán (octubre de 2018), vías de colaboración y sinergias entre las monedas locales y la agricultura contractual local (ACP) (diciembre de 2018), y el interés de las monedas locales como herramientas para el desarrollo de las cadenas económicos agrícolas (febrero de 2019), proponemos ahora que ya no se parta de sectores, sino de territorios (barrios, pueblos, etc.) para construir circuitos cortos y para que seamos parte en forma colectiva de la transición.

La crisis climática nos devuelve al sentido común, al hacernos conscientes de que es ecológica, económica y socialmente absurdo consumir en Ginebra o en París, tomates cosechados en Holanda, enlatados en Rumanía y cuyas latas han sido producidas en el sudeste asiático. La libre circulación de mercancías, en particular en el sector agrícola, ha dado lugar a la especialización económica de regiones enteras y a una mayor dependencia de los traders y grandes distribuidores. La competencia entre todos los territorios del mundo produce una gran vulnerabilidad económica y social en todas partes a nivel local; no es ecológica ni económicamente sostenible. Por eso es impresendible volver a los «circuitos cortos».

Es común llamar «circuitos cortos » a los circuitos de distribución, en su mayoría agrícolas, en los que sólo un intermediario opera entre el productor y el consumidor, ya sea a través de ventas directas (véase nuestro artículo sobre la ACP, diciembre de 2018) o ventas indirectas.

Hoy en día, existe una demanda creciente de dichos «circuitos cortos», porque como consumidores queremos proteger al mismo tiempo nuestra salud y nuestro medio ambiente. Pero históricamente, los circuitos cortos eran la norma, sobre todo fuera de las murallas de la ciudad, como en Ginebra, en la Plaine de Plainpalais (foto), o en París, en los pueblos de horticultura para abastecer los mercados urbanos.

Sin embargo, la idea de «circuitos cortos», en su renacimiento contemporáneo, se refiere a la representación de «Lo pequeño es hermoso» (del economista británico Ernst Friedrich Schumacher) y de la autoorganización territorial, como la imagina Hans Widmer (P.M.), donde los «barrios» son a la vez espacios de vida económicos y sociales «a escala humana» y espacios políticos de gobierno de los comunes.

La moneda local como herramienta para la revolución lenta

En este espíritu, la escala de barrio (o aldea) es la escala más pequeña en la que se opera al mismo tiempo: una convivencia compartida, una diversidad de lugares de actividades, descanso, cultura, encuentros, trabajo, servicios locales de calidad y gobernanza democrática de los comunes.

En este contexto, la moneda local (incluso una moneda de vecindad) funciona como un «carné de identidad» para un proyecto «político» colectivo para la relocalización de la economía, el desarrollo de circuitos cortos y la responsabilidad social y medioambiental de productores, consumidores y distribuidores («cuando pago en moneda local, demuestro que soy uno de lxs que actúan en la transición ecológica, económica y social»). Esta identificación con el mundo de Mañana se hace de manera no conflictiva con el mundo de ayer. Afirmativa más que defensiva, esta postura afirma que «hay soluciones inmediatas y concretas al cambio climático y a las crisis sistémicas; yo estoy haciendo mi parte, en un proyecto colectivo».

Pero la moneda local es mucho más que el carné de identidad de la transición. Establece ipso facto los procesos económicos, comerciales y financieros que inducen una solidaridad mecánica, automática y habitual entre productores, distribuidores y consumidores (que estos se conozcan o se aprecien mutuamente no cambia nada), produciendo una riqueza local colectiva, que no puede escapar del territorio dado, y que no puede ser captada por los mercados financieros externos.

La reconstrucción de las cadenas comerciales del productor al consumidor, como propusimos en un artículo anterior, febrero de 2019, es importante, pero la reconstrucción de la solidaridad económica territorial, basada en los barrios y las aldeas, es quizás aún más importante.

Invertir la lógica de compra, distribución y venta para que el acto económico forme parte de una estrategia colectiva y de mediano plazo es la clave propuesta por la moneda local para reabrir la puerta a la prosperidad territorial. Y esta opción es válida en todos los barrios, en cualquier parte del planeta: todo el mundo tiene un interés directo en fortalecer las interacciones económicas locales, lo que aumentará el volumen de negocios de las empresas y negocios locales, aumentará el empleo y los salarios, generará impuestos que se reinvertirán localmente.

Las monedas locales son, por lo tanto, herramientas ideales para hacer que la economía sea más resiliente en todas partes, gracias a una red estrecha, transparente y diversificada de lxs actores económicxs, a la vez que aumenta el valor añadido social y medioambiental. Al salir de una competencia generalizada, contribuyen a fortalecer la soberanía alimentaria y económica en todas partes, a combatir el desempleo masivo, a reducir las desigualdades territoriales y, por ende, la migración económica. Una solución local y universal, la moneda local aborda en forma suave los desafíos climáticos y socioeconómicos globales.

Del contrato social al contrato económico del barrio

El contrato social, el que desde Rousseau nos permite pensar en nosotros mismos como «comunidades de destino», debe ser reconstruido. Los Estados-nación son territorios demasiado grandes para constituir cuencas de vida, gobernables como comunes territoriales, y demasiado pequeños para enfrentar los desafíos globales, y ahora se trata de articular las escalas de producción y gobernabilidad.

Desde esta perspectiva, el barrio puede ser considerado como el ladrillo básico de la economía global. Pero como no creemos en las virtudes de la autosuficiencia, y como nos reconocemos en la universalidad de la comunidad humana en todo el planeta, estamos comprometidos con la articulación de las cuencas vivas, de lo local a lo global: también en este caso las diferentes monedas, correspondientes a diferentes escalas territoriales, podrían ser una herramienta interesante para esta articulación. El problema que debe resolverse es su interoperabilidad (1).

Volvamos a nuestros barrios. Por lo tanto, creemos que la moneda local es la base de un contrato de vecindad, que tiene como objetivo la soberanía económica y la gestión compartida de la prosperidad producida.

Pero, ¿de qué economía estamos hablando? Una red de productores y consumidores locales, que deciden trabajar juntos, a partir de ahora, a mediano y largo plazo, porque saben que el sistema que gestionan conjuntamente fideliza a sus clientes reduciendo los costes publicitarios, garantiza la sostenibilidad de sus proveedores y la calidad de los bienes y servicios adquiridos, permite una gestión óptima de los flujos y de las existencias y ofrece facilidades financieras (en particular, líneas de crédito operativas a interés 0, si se adopta un sistema de crédito compartido).

Además, ya seamos consumidores, empresas, comercios o autoridades públicas, la moneda local nos obliga a pensar en las implicaciones de nuestras compras diarias para nuestro bienestar mientras vivimos juntos, y es la cultura de la economía y la sostenibilidad la que se está reinventando de la misma manera.

Los actores típos de los sectores económicos del distrito

Sin pretender ser exhaustivos, presentamos a actores típicos que contribuyen a hacer de los barrios lugares de bienestar y de acción ciudadana, y que tienen un interés inmediato y concreto en utilizar la moneda local como catalizador y articulador de sus actividades dentro de su barrio.

Las cooperativas de vivienda son los actores centrales en la circulación de la moneda de un barrio. En un barrio, uno vive allí, trabaja allí o ambas cosas. Si bien es posible pagar los alquileres de las viviendas y oficinas en moneda local (incluso parcialmente), una gran parte de los ingresos de los habitantes se traslada al barrio, especialmente si se les ha pagado en parte en moneda local. Además, las cooperativas pueden desarrollar servicios auxiliares para sus miembros, como compartir el coche.

Los habitantes tienen interés en poder disfrutar de tiendas locales de calidad. Incluso si esto significa compartir ciertos costes y elaborar, con los propietarios, planes de compensación de alquileres para fomentar actividades social o ecológicamente útiles que son menos viables económicamente en el centro de la ciudad.

Una tienda de comestibles o un supermercado participativo permite revisar el concepto de comercio local. Los hogares que son miembros de una cooperativa de alimentos están llamados a contribuir unas horas al mes al funcionamiento de la empresa (caja registradora, estanterías, existencias, entregas, pero también eventos para el barrio, apoyo a las personas mayores o discapacitadas, etc.) a cambio de productos cuyo margen se reduce gracias a la contribución colectiva.

La moneda local puede alentar concretamente a lxs residentes y empresas locales a preferir este método de distribución a la entrega tradicional de productos agroalimentarios. Al mismo tiempo, se celebran contratos entre las agrupaciones de agricultores y las tiendas de comestibles con el fin de poder coordinar los planes de cultivo (producción adaptada y variada) sin «limitar» las opciones de los consumidores. Esta visión está directamente relacionada con la de la agricultura contractual local (ACP, AMAP), con la diferencia de que el contrato se traslada del productor al distribuidor, lo que diluye la limitación de las opciones en la comunidad y no en el individuo.

La posada del barrio tiene la particularidad de ofrecer comidas preparadas por los residentes, coordinadas por un posadero profesional. Cada residente interesado en el concepto se registra para participar en el desarrollo de una comida. Con el número de personas, las contribuciones son muy diferentes, pero todos los días se ofrece una comida de calidad, a un precio muy asequible y con un espíritu amistoso. Un barrio necesita artesanos: carnicero, zapatero, quesero, panadero, etc. En las ciudades modernas, estos artesanos han ido desapareciendo poco a poco a favor de las grandes empresas que ofrecen estos servicios a un menor coste, pero esta situación ha provocado una pérdida de convivencia y de calidad de vida. Es posible ayudar a revitalizar los negocios locales gracias a la moneda local.

Una vez más, el uso de líneas de crédito en moneda local (crédito mútuo) por parte de los artesanos es posible para parte de su salario, el pago de su alquiler y el reembolso de inversiones (instalaciones, máquinas), siempre que los miembros de la comunidad de pago en cuestión lo acepten. De este modo, los artesanos pueden bajar a su límite mínimo en los primeros meses o años de funcionamiento, y luego volver a subir gradualmente, a medida que los ingresos lo permitan.

La misma lógica mutualista puede aplicarse a las bibliotecas de objetos y herramientas o de recursos, que reciclan residuos en compost o en hilo plástico para impresoras 3D, y las fuentes de ingresos para estas nuevas profesiones de recuperación, reparación, reutilización, reinvención y reciclaje (las 5 erres de la ecología industrial y la economía circular) pueden ser muy importantes para los barrios.

En este contexto, las autoridades públicas tienen un claro interés en replantearse sus compras según una lógica de proximidad. Al reforzar la presencia de las empresas en su territorio, obtienen más ingresos fiscales y, al mismo tiempo, cumplen más fácilmente sus misiones de política pública en términos de promoción económica, solidaridad social y lucha contra el calentamiento global (impacto del carbono).

El contrato económico de vecindad sería -en este sentido- el momento en que estos diferentes actores se sientan alrededor de una mesa y calculen juntos los flujos interempresariales que podrían llevarse a cabo en moneda local, y que constituirían el marco básico de esta red económica local, la que da trabajo al mayor número de personas produciendo más riqueza colectiva. Sobre esta base, sería posible incluso imaginar una cooperativa integral (que incluiría la contabilidad de las horas de voluntariado), y que podría generar un ingreso universal… pero esto sería el tema de al menos los dos capítulos siguientes.

(1) Técnicamente, hemos resuelto el problema: nuestra cartera multidivisa, Biletujo (billetera en esperanto), permite la interoperabilidad. Pero, ¿cómo establecer un «tipo de conversión», un tipo de cambio entre las monedas ciudadanas locales, sin caer en el sistema monetario actual, que hace del dinero una mercancía sobre la que siempre es posible especular? Este será el tema de un futuro episodio en la continuación de esta serie.

Las monedas ciudadanas fortalecen las cadenas de producción/distribución agrícolas
febrero 15, 2019
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por Antonin Calderón y Jean Rossiaud (Moneda Leman / APRES-GE en colaboración con Gaëlle Bigler (FRACP / URGENCI)

Este es el tercer número de la serie que iniciamos en octubre sobre el tema de las «monedas locales», después de una presentación general de las ventajas y desafíos de las monedas locales a través del ejemplo de la moneda local Lemán (enlace Internet) (octubre de 2018) y de las vías de colaboración y sinergias entre las monedas locales y los alimentos sostenibles (diciembre de 2018), proponemos hoy reflexionar en términos de cadenas de producción/distribución para los diferentes tipos de productos agrícolas, y a partir de la experiencia de Ginebra: de la semilla a la producción, de la producción a la transformación, de la transformación a la distribución, de la distribución al consumo. Los cinco sectores agrícolas clave en los que el Leman y la Cámara de la Economía Social y Solidaria (APRES-GE) están trabajando actualmente son los siguientes:

  • Cerveza: del lúpulo a la pinta
  • Verduras: de la horquilla al tenedor
  • Pan: de la semilla al pan
  • Madera: del árbol a la leña
  • El vino: de la cepa a la copa

Cada cadena de producción/distribuición presenta sus propias particularidades, y cada actor – cada eslabón de la cadena – su propia realidad y desafíos. Por eso es particularmente interesante reunir a los diferentes actores de un sector en torno a una mesa, con el fin de reflexionar juntos sobre los flujos de valor actuales y potenciales, y los flujos de caja resultantes. Por lo general, muchos agentes económicos no tienen tiempo para dar este paso atrás. La moneda local ofrece a los productores una gran oportunidad para fortalecer los vínculos entre ellos, y entre ellos y los consumidores, y así fortalecer la economía local frente a la competencia de los mercados globalizados. El servicio prestado por la moneda local es la «facilitación económica»: es una forma de intermediación que permite a los productores elegir mejor a sus proveedores locales y, en caso de sobreproducción, vender existencias en la comunidad de pago.

El sector cervecero: del lúpulo a la pinta

Tomemos el ejemplo de la cadena de la cerveza para ilustrar lo que estamos diciendo. El desarrollo de las cervecerías artesanales se encuentra actualmente en plena expansión y su funcionamiento es fácilmente modelable. Los principales eslabones de esta cadena son: agricultores, malteros, cervecerías, distribuidores, así como bares, restaurantes o tiendas de comestibles. El diagrama siguiente ilustra esto.

Si todavía no lo sabe, debe saber que el 90% de la cerveza está compuesta de agua, que se utiliza como base para la adición de malta, lúpulo y luego levadura. A esto se le pueden añadir ingredientes adicionales, como café, fruta, especias u otros condimentos o hierbas.

Los agricultores (1) cultivan los cereales, que serán transformados en malta por la maltería (2). Al mismo tiempo, el lúpulo (2»), una planta trepadora, debe ser cultivado y sus flores cosechadas y secadas; la levadura (2») debe ser producida, generalmente en un laboratorio.

Estos tres ingredientes son utilizados por las cervecerías artesanales (3), con agua, para la producción de cerveza. También se necesitan otros productos para producir cerveza, como botellas, cápsulas, etiquetas, pegamento y, por supuesto, agua. Estos productos se consideran secundarios en la cadena de producción de cerveza, aunque obviamente son necesarios. Cada vez más a menudo, las cervecerías recogen sus botellas, a través de un sistema de depósito, y las reutilizan.

A continuación, los distribuidores (4) se encargan del transporte de las bebidas producidas en bares, restaurantes y los almacenes (5), donde se venden para el consumo, y en particular a los empleados (6) de las distintas empresas del sector cervecero. De hecho, algunos de los consumidores de cerveza trabajan en el sector.

También debería integrarse una nueva actividad en este sector cervecero: la producción de champiñones (4′). Trabajan con cervecerías, recuperando la malta usada (granos usados) y utilizándola como sustrato sobre el que crecerán los hongos (especialmente el shiitake y los hongos ostra). Actualmente se está estudiando la recuperación del sustrato para su uso como embalaje protector, por sus propiedades de ligereza y absorción de impactos.

Todos estos actores también tienen costes de locales, energía, maquinaria de producción y transporte, TI, impresión y administración. Esto es lo que llamamos la red secundaria de proveedores.

El siguiente diagrama resume la red primaria del sector cervecero, modelando los flujos de bienes/servicios, así como los flujos de efectivo que permiten estos intercambios.

La relación económica

La moneda local es sobre todo una herramienta para establecer vínculos económicos entre los actores de un sector. Si bien las partes interesadas están convencidas del valor de crear una economía local fuerte, no siempre tienen el tiempo, la energía o incluso los conocimientos para analizar todos los flujos actuales y potenciales en su propio sector económico. Presionados por las limitaciones económicas a corto plazo y la falta de liquidez, suelen ser lo más rápidos y baratos posible, mientras que su interés económico real a medio o largo plazo sería favorecer un enfoque concertado y solidario, por ejemplo, en un sistema de crédito mancomunado.

Trabajar en su propia moneda local anima a los agentes económicos a ser conscientes de las especificidades y de las diferentes limitaciones del sector y pone a todos en contacto comercial con sus proveedores y clientes potenciales: el agricultor con la maltería, la maltería con las cervecerías, los distribuidores con las cervecerías, y los bares, restaurantes y tiendas de comestibles con los distribuidores.

Lo que está en juego no es sólo económico y ecológico. Ciertamente, permite aumentar los volúmenes de actividad de cada individuo y las riquezas producidas en el territorio; y el desarrollo de este territorio, en cortocircuitos, refuerza la resistencia económica y la sostenibilidad ecológica (reducción de las emisiones de CO2). A nivel social y político, la red económica así creada rompe el aislamiento de cada actor y es el tejido social el que se fortalece. Juntos, será más fácil defender sus intereses colectivos y convertirse en partes interesadas en las políticas públicas para promover la agricultura local.

Liquidez monetaria para los sectores

El sistema de crédito mancomunado ofrecido por una moneda local complementaria como el Lemán en la región del Lago Lemán proporciona una liquidez significativa a las cadenas de producción/distribuición. De hecho, a cada actor se le concede una línea de crédito operativa (actualmente entre 1.000.- y 20.000.- LEM, dependiendo de su tamaño) que puede ser utilizada sin tasas de interés y sin límite siempre y cuando se mantenga por debajo del umbral establecido. El potencial de intercambio económico para el conjunto del sector en cuestión se ve, por tanto, incrementado por la suma de los límites de crédito de todos sus agentes.

Este sistema ancestral de puesta en común del crédito, prácticamente desaparecido hoy en día, absorbido por el sistema bancario contemporáneo, es, sin embargo, un sistema muy simple y muy estable. La red en su conjunto está por definición siempre totalmente equilibrada «a cero»: la suma de los importes positivos es siempre igual a la suma de los negativos, y no hay creación monetaria. Cuanto más dinero gira, más riqueza se produce. La falta de liquidez es un obstáculo para la actividad. Por lo tanto, el crédito compartido sustituye al crédito bancario de forma muy ventajosa.

El crédito bancario convencional es caro – cuando se concede, porque los bancos a menudo rechazan el riesgo. Aumenta el precio de los productos, porque es necesario incluir el costo del dinero (interés) en el precio de venta, y debilita al vendedor en un mercado competitivo ocupado por grandes grupos que bajan los precios.

Al trabajar en moneda local, recreamos una economía paralela y evitamos la presión de grandes grupos y productos extranjeros. La introducción de la moneda complementaria, en particular para los sectores agrícolas, debe considerarse como una estrategia de supervivencia y desarrollo. Pero debemos jugar el juego juntos, empresas, empleados y consumidores, para que la moneda pueda seguir abasteciendo continuamente a la economía local, sin estancarse en cuellos de botella.

Hacia una irrigación sana de las cadenas de producción/distribución

Por lo tanto, el principal desafío es evitar la formación de bolsas de retención de moneda local, lo que indica un bloqueo económico. Tal bloqueo es beneficioso si permite que el actor en cuestión se cuestione a sí mismo sobre sus socios que no aceptan la moneda local. Puede que haya llegado el momento de cambiarlos y de optar por proveedores que también encajen en la lógica de la deslocalización y de la responsabilidad social y medioambiental.

Aquí es donde entran en juego los servicios de los «facilitadores» en moneda local: trabajan con las empresas para integrar a los proveedores en la comunidad de pago, si cumplen las condiciones de la carta y, en caso contrario, para encontrar nuevos socios.

Por otra parte, las retenciones de moneda local son problemáticas si las empresas no pueden volver a poner en circulación tanta moneda como aceptan: la moneda pierde entonces su función principal, que es la de facilitar el comercio. El riesgo de devaluación de la moneda (se cambiará por debajo de su valor oficial, por ejemplo, se solicitarán 120 unidades para una mercancía/servicio por valor de 100 en la moneda del Estado) es, por lo tanto, significativo.

Dos tipos de actores pueden encontrarse estructuralmente en esta posición de «cuello de botella». En primer lugar, la empresa que ocuparía un lugar central en la cadena de suministro y que no tendría sustitutos o tendría muy pocos. En el sector «cerveza», es la industria cervecera, con la que todas las cervecerías locales tienen interés en trabajar en moneda local. En segundo lugar, la empresa al «final de la cadena». En nuestro ejemplo, es el agricultor quien cultiva los cereales que luego se transformarán en malta. El siguiente diagrama muestra este problema de retención de la moneda local al final de la cadena de suministro.

Para estos dos casos, hay una respuesta teórica simple, pero no es tan fácil de ponerla en práctica, porque ya requiere una densa red económica: el pago de parte de los salarios en moneda local. Sin embargo, la redistribución mensual de la oferta monetaria es una poderosa palanca para impulsar la economía local y sostenible a través del consumo. Esto se explica en el diagrama siguiente .

Por lo tanto, hemos visto que los productores de las cadenas agrícolas tienen un claro interés en utilizar la moneda local para resistir la competencia de los grandes grupos y de los productores extranjeros. Sin embargo, este éxito se basa en el equilibrio de los flujos. Por lo tanto, el fortalecimiento de la economía local requiere organización y paciencia, ya que implica la incorporación de todas las partes interesadas en la comunidad de pagos a un círculo virtuoso.

Corresponde a la moneda local llevar a cabo esta labor de facilitación económica y puesta en común de créditos, y se le deben dar los medios para hacerlo. Una vez realizado este trabajo, de la misma manera que se instalaría un sistema de riego en un cultivo, el dinero puede fluir de manera virtuosa creando valor en la economía local y sostenible, y fortaleciendo la resiliencia económica frente a las crisis financieras sistémicas. 2008 debería ser una lección para nosotros!

En un futuro boletín de noticias, tomaremos el ejemplo de una o más empresas en particular y cómo utilizan diariamente la moneda local para dar sentido a su trabajo: un sentido económico, por supuesto, pero también el sentimiento de participar plenamente en la mejora del bien común.

E-lemán : una moneda blockchain local en Suiza y más allá
octubre 15, 2018
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Por Jean Rossiaud, APRES-Genève

El lemán es la moneda local de la cuenca económica que se desarrolla alrededor del Lago Lemán, el lago más grande de Europa, atravesado de punta a punta por una frontera. Ginebra se encuentra al final del lago, y el cantón de Ginebra comparte el 90% de su frontera con Francia (Haute-Savoie y Ain) y el 10% con Suiza (Cantón de Vaud).

La moneda del Lago de Ginebra es complementaria tanto del euro como del franco suizo, en el que se basa. La moneda fue lanzada en Ginebra en septiembre de 2015, después de 4 años de reflexión en un grupo de unas 50 personas, compuesto por residentes suizos y franceses. Poco más de 3 años después de su lanzamiento, 560 empresas y negocios y varios miles de consumidores utilizaban el lemán. Con el paso al dinero electrónico hace casi un año, el lemán se está dando la oportunidad de aumentar significativamente su «comunidad de pago».

El lemán se distingue en varios aspectos de las demás monedas ciudadanas locales. En primer lugar, su carácter local y transfronterizo lo convierte en una rareza en el planeta. En segundo lugar, el hecho de que combine papel y criptomoneda electrónica (bajo la tecnología del blockchain) también lo hace único. Los nuevos billetes del Lago de Ginebra están todos cargados en el blockchain, todos ellos llevan un código QR que permite a los usuarios comprobar la validez y el valor en efectivo del billete escaneándolo. El π-léman (valor 3.14 léman) y el billete de 1 léman, fácilmente dividido en dos denominaciones de 50 cts de léman, conforman novedades.

Además, el lemán es una de las pocas monedas complementarias que valora la combinación de la promesa (para el BtoC) y el crédito mutuo (para el BtoB), estimulando el pago de una parte de los salarios en lemanes. Por último, forma parte del movimiento trans-localista, que aboga por la transición ecológica y social (se basa en una carta ética para la mejora continua de las prácticas empresariales) desde el nivel local al global, mediante la construcción sistemática de redes internacionales en un espíritu de colaboración (peer-to-peer). Read more

Una declaración de intención para la moneda electrónica LEMANEX
abril 6, 2017
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Artículo de Après-GE

Después de un poco más de 18 meses, más de 100 000 lemans (la moneda local de Ginebra) están circulando en la regiòn y aceptados por más de 400 empresas y comercios. Pasar al Leman electrónico permite la creación de un sistema de crédito mutualizado: LEMANEX.

El LEMANEX nos permite:

  • reforzar mutualmente nuestras relaciones comerciales con nuestros proveedores y nuestros clientes
  • responder concretamente a los problemas de tesorería (falta de liquidez), proporcionando una solución permanente de crédito de funcionamiento a tasa de inetrés cero;
  • mutualizar el riesgo, ya que el crédito ya no descansa en deudas bilaterales pero está garantizado por el conjunto de la comunidad de pago.

Declaración de intención (en francés) aqui.

A penas dos semanas depués de haber difundido este documento en nuetra red, más de 40 empresas se han pronunciado a favor de esta herramienta económica.

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